Ciclo El libro y la lectura: Ética ante el conocimiento
FRANKENSTEIN DE MARY SHELLEY

Ciclo El libro y la lectura: Ética ante el conocimiento

El cine y la literatura han advertido desde hace siglos que el conocimiento no es inocente. Cuando el saber se separa de la ética, deja de iluminar y comienza a deformar: produce cuerpos vulnerables, vidas prescindibles y monstruos que no siempre tienen forma visible.

Este ciclo propone una reflexión íntima y concentrada sobre la relación entre saber, poder y responsabilidad a partir de tres adaptaciones literarias fundamentales. Las películas aquí reunidas recorren distintas etapas de un mismo dilema ético: crear sin asumir consecuencias, experimentar sin límites y administrar la vida como recurso.

El monstruo que aparece en estas historias no es sólo una figura fantástica. Es el resultado de decisiones humanas. A veces nace en el laboratorio; otras, habita el cuerpo transformado por la ciencia; finalmente, se instala en sistemas que normalizan el sacrificio y vuelven reemplazable la vida.

Pensado para una experiencia de escucha atenta en sala, este ciclo invita a pensar el conocimiento no como triunfo ni acumulación, sino como compromiso. Porque conocer implica responder por lo que se crea, por lo que se transforma y por el mundo que se construye a partir de ello. El cine, en diálogo con la literatura, se convierte así en una pregunta compartida: ¿qué hacemos con lo que sabemos cuando el saber deja de cuestionarse?

Mary Shelley’s Frankenstein | Kenneth Branagh | Estados Unidos-Reino Unido | 1994 | Sony Pictures | Drama, ciencia ficción | 123 min | B

“El hombre quiso ser dios y olvidó ser humano.”

El doctor Victor Frankenstein logra lo imposible: dar vida a un cuerpo ensamblado a partir de la muerte. Sin embargo, una vez consumado el acto científico, rechaza a su creación, desatando una tragedia marcada por el abandono, el dolor y la venganza. Esta adaptación de la novela de Mary Shelley subraya el conflicto ético central: el conocimiento que no se hace cargo de sus consecuencias.

El origen del dilema moderno: crear vida sin asumir la responsabilidad moral de su existencia.

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